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Cañas y barro

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Obras en el Passeig de Benarrai
per Paco Penadés

Vicente Blasco Ibáñez, uno de nuestros valencianos más universales, publicaba en el año 1902 la novela “Cañas y Barro” en la que realizaba una excelente radiografía de la Albufera y sus gentes. En Ontinyent no tenemos la Albufera, pero sí tenemos el Pou Clar y El Clariano como símbolos que han marcado y siguen marcando el carácter de la sociedad. Sin embargo, se ve que a nuestro Gobierno Municipal no le parecía bastante con el Pou Clar y El Clariano y se han sacado de la manga el maltrecho y enfangado Lago de Benarrai.
Entre la Ronda Sur y las fincas de la avenida Almaig, existe una extensa zona sin edificar utilizada generalmente como párquing o zona de paseo. Hasta ahí todo normal y sin más importancia, pero desde hace ya varios meses y no se sabe aún cuando terminarán las obras, desde el departamento de Medio Ambiente con Fran Quesada a la cabeza y con la venia del alcalde, se han desperdiciado más de 100.000 € en una zona en la que tan solo hay cañas y barro.
Primero se habló de un estanque para evitar inundaciones en los parquings de las fincas cercanas, luego se añadió una cúpula a modo de merendero, más tarde un taller de construcción con cañas sumaría una pérgola a la escena y ahora unas placas que cubren la cúpula se pintaran con el graffiti con el dibujo de una rana gigante. En definitiva un caos de decisiones sin sentido que nos harían reír un rato si no fuera porque nos ha costado más de 100.000 €.
¿Realmente era necesario ese estropicio en una parte de la ciudad que no demandaba tal actuación? ¿Tan difícil es darse cuenta que son muchos los rincones y lugares que necesitan de una inversión económica para mejorar el entorno y calidad de vida de la gente? Como ejemplo el Bar Ideal, en la misma plaza del Ayuntamiento, no solo amenaza ruina, sino que se erige como símbolo de la decadencia de nuestro centro histórico en el que solo se han puesto parches en una legislatura perdida.
En definitiva, la actuación llevada a cabo en la zona de Benarrai sirve como ejemplo de lo que han sido cuatro años perdidos, con actuaciones improvisadas y sin un proyecto de ciudad, sin visión de futuro y con un gasto de más de 1 millón de euros en autobombo y publicidad para enmascarar la falta de inversiones y la falta de reducción de impuestos a los ciudadanos, emprendedores y empresas. En conclusión, una legislatura en la que solo nos quedan cañas y barro.